lunes, 24 de septiembre de 2007

Interruptus III: La cultura dePrisa

"El escritor que triunfa en una época es un hombre que simpatiza con las clases dominantes de esa época, cuyos intereses defiende y cuyos ideales interpreta, identificándose con ellos".



Esta cita la he sacado del libro de Manuel García Viñó "El País: la cultura como negocio". Es el preludio a la tercera y útlima parte del libro.

En una sociedad en la que todo está mercantilizado, ni siquiera la cultura se ha salvado. Recuerdo cuando hace mucho tiempo (siendo aún adolescente) dejé de escuchar radiofórmulas, ya que la música que aparecía en ellas no me llenaba en absoluto. Y descubrí que existía música más allá de esos programas de radio. Música con la que me identificaba plénamente, y otra que no tanto. Pero de una variedad de géneros y con una diversidad, que inicialmente me produjo un shock, pero que después fue transformándose en fascinación. Muchos eran artistas que jamás han aparecido, ni aparecerán, en las listas de éxitos ni serán superventas. Pero era música con la que me identificaba. Totalmente diferente a la mediocridad que había escuchado hasta aquel momento.

Hoy día está pasando lo mismo con los libros. El último reducto cultural que quedaba, arrinconado por la basura televisiva y las radiofórmulas, ha pasado a convertirse en mercadería, en una lucha por conseguir un superventas y aparecer en las listas de éxitos, de los libros más vendidos, de los best seller. Hace ya tiempo que descubrí también que no me identificaba con esa literatura. Con esos libros que, a pesar de estar muy bien encuadernados y tener una excelente presentación, están vacíos por dentro, como los discursos de los políticos. La mayoría de los best sellers son efímeros, como su contenido. Son libros para leer solamente una vez, y olvidarlos para pasar al siguiente en la rápidamente cambiante lista de los más recomendados. Alguna vez me apetece relajarme y leo alguno, normalmente porque me lo prestan o lo bajo de internet. Pero no son libros que me dejen ninguna impronta, es como ir al cine a ver una película de palomitas. Pasas un buen rato, y ya está. Pero cada vez veo menos libros de esos que apetece releer de vez en cuando, tomar notas, extraer citas, que invitan a pensar, y que sobre todo te remueven en tu sillón, en vez de apoltronarte.

El invento de Gutemberg corre el riesgo de perecer víctima de su propio éxito, y convertirse en un mero instrumento transmisor del pensamiento único y de la inactividad mental. No hay que quemar los libros de caballerías, pero hay que tener la opción a intercalar otro tipo de libros de vez en cuando. De los que podrás prestarle a tus hijos cuando se despierte su inquietud por el mundo.

Al menos tenemos un nuevo sustituto a la imprenta, que ya ha suscitado las mismas reacciones que el aparato gutembergiano en su época. Todavía se pueden encontrar alternativas en internet. Todavía hay reductos culturales que siguen creciendo en la red. No sé cuanto durará esto, pero debemos aprovechar y aprender todo lo que podamos antes de que los enemigos de la diversidad y pluralidad de ideas le hinquen el diente a esto. Y se lo coman.

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