UNA PERSONA, X VOTOS
Sea la siguiente ecuación:
[1] P = V · X
donde P es el número de votantes de una circunscripción electoral, V es el valor de sus votos en unas elecciones, y X es un factor de corrección.
Si asumimos que el voto de cada persona vale lo mismo, lo cual es condición indispensable para la representatividad y, por consiguiente, para la democracia formal, el valor del factor de corrección X es la unidad, y la ecuación se puede simplificar a:
[2] P = V · 1 = V
De aquí se extrae el siguiente corolario: “En un sistema representativo, el valor del voto de cada persona es la unidad”. O lo que es lo mismo: “una persona, un voto”.
Para validar si un sistema es representativo, y por tanto, cumple una de las condiciones básicas de la democracia formal, la ecuación anterior [2] debe ser verdadera (y X=1). Apliquemos, pues, esta sencilla fórmula a los resultados de las recientes elecciones. Tomaremos tres circunscripciones y nos fijaremos en tres partidos. Ahora calcularemos el número de votos que ha necesitado cada uno de ellos para conseguir un diputado en su correspondiente circunscripción, algo tan sencillo como dividir el número de votos por el número de diputados obtenidos. En los ejemplos seleccionados, los resultados son (Figura A):

Por tanto, nuestro sistema electoral no cumple el corolario derivado de [2], por lo que el valor del voto de cada persona se ve incrementado o disminuido en función del partido al que vote y la circunscripción electoral a la que pertenezca. O lo que es lo mismo: “una persona, X votos”.
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