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martes, 14 de abril de 2009

Interruptus XLV: La República Constitucional

Hace tiempo que tenía pensado escribir una entrada en la que explicara, al menos brevemente, en qué consiste la República Constitucional. Y creo que el mejor día para hacerlo es hoy, en conmemoración de la proclamación de la Segunda República, que aunque tampoco fue democrática, sí se trató del último gobierno legítimo, hasta la fecha, que tuvimos en este país elegido por los ciudadanos. Espero que algún día se pueda abrir el período constituyente que se nos negó en la Transición/Transacción, y podamos decidir sobre nuestras formas de Estado (república vs monarquía) y de gobierno (presidencialista vs parlamentario).

Y aunque los que me conocen lo saben, es posible que tú no, mi querido lector, así que quiero aclarar que este tipo de república es independiente de la ideología: no importa si eres más conservador o más progresista, más partidario de la intervención estatal o del libre mercado, de izquierdas o de derechas. Lo único que puede influir en tu aceptación o rechazo a estas reglas de juego es que seas o no partidario de la democracia como la forma de organizar y gobernar un país.

Hay dos reglas que se deben de cumplir en la República Constitucional, para que haya una democracia formal:

1.- Separación de poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial)

2.- Representatividad de la sociedad civil

La separación de poderes se consigue de la siguiente forma (la división de poderes basta con escribirla sobre un papel):

- Los poderes Legislativo y Ejecutivo son elegidos directamente por los ciudadanos en elecciones separadas e independientes.

- Los representantes de los ciudadanos que conformarán el poder Legislativo (diputados de una única cámara, la Asamblea Nacional) se eligen por medio de circunscripciones electorales (de unos 100.000 habitantes), empleando un sistema electoral mayoritario y a doble vuelta, sin listas de partido (abiertas o cerradas). El diputado de cada circunscripción estará sometido al mandato imperativo de sus electores, y su sueldo, así como todos los gastos que genere, serán sufragados por la circunscripción que lo eligió, no por el Estado. La circunscripción, por tanto, tiene potestad para deponerlo por votación popular y elegir a otro en su lugar sin necesidad de que agote su mandato.

- El presidente de la República detentará el poder Ejecutivo, y será elegido por todos los ciudadanos en una circunscripción única que abarca todo el territorio nacional, de nuevo con sistema electoral mayoritario y a doble vuelta.

- El poder Judicial estará encarnado en última instancia en el Tribunal Supremo (desaparece el Tribunal Constitucional), que es elegido mediante sufragio restringido por todos los integrantes de la administración de Justicia, incluidos abogados, procuradores y profesores de derecho.

De este modo, se asegura la independencia de los poderes ya que:

El Ejecutivo puede vetar una ley aprobada por el Legislativo, para lo cual tendrá que dimitir. A su vez, el Legislativo puede interponer una moción de censura al Ejecutivo, para lo cuál tendrá que disolverse. En ambos casos, deben de convocarse elecciones para los dos poderes y que los ciudadanos sean los que resuelvan la controversia. Por su parte, cualquier juez puede declarar inconstitucional una ley, y el recurso será elevado automáticamente al Tribunal Supremo que deberá pronunciarse (no existen intermediarios entre los juzgados y el Supremo).

La representatividad se asegura por medio del sistema de circunscripciones y el mandato imperativo de los electores. Cada cierto tiempo, el representante de cada circunscripción debe regresar para rendir cuentas frente a sus electores, los cuales pueden revocar su nombramiento si consideran que no cumple con las promesas electorales o ha cometido hechos delictivos.

Además, los partidos políticos (así como los sindicatos) dejarán de ser órganos estatales: pasarán a financiarse única y exclusivamente con las cuotas de sus afiliados. Las campañas electorales serán gratuitas por ley, debiendo ceder los medios de comunicación unos espacios regulados para tal fin.

En los municipios se aplicaría el mismo sistema electoral con los concejales (Legislativo) y el alcalde (Ejecutivo) para separar ambos poderes.

Por último, las competencias básicas del gobierno (educación, sanidad, justicia, etc.) pasan a depender del Estado central. Las comunidades autónomas permanecerán como demarcaciones judiciales y/o administrativas, pasando el resto de las competencias a los ayuntamientos. Se conservarán los Parlamentos de las tres comunidades lingüísticas, pero no el Ejecutivo, permitiendo que los nacionalismos tengan la fuerza justa que los ciudadanos quieran darles.

Y creo que como resumen, ya está bien. He basado el texto en un magnífico escrito de Aquiles, que podéis consultar aquí (aunque he corregido un par de pequeños errores del original).

ACTUALIZACIÓN: Nos movemos:
"Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado." (M. Mead)

viernes, 17 de octubre de 2008

Interruptus XXXII: Mamonarquía

Acabo de terminar el último libro de Amadeo Martínez Inglés: Juan Carlos I, el último Borbón. La verdad es que no había tenido ocasión de leer nada de este hombre, y he quedado gratamente sorprendido. No es habitual encontrarse con un militar que es capaz de escribir y pensar por cuenta propia (tampoco es habitual en el caso de escritores "profesionales"), y menos que sean historiadores y hayan vivido de primera mano algunos de los hechos más importantes de nuestra historia reciente. Este libro ha venido a complementar y ampliar los datos que ya tenía de otras publicaciones sobre la Corona (El negocio de la libertad, Un rey golpe a golpe, Soberanos e intervenidos), sobre todo en lo referente al intento de golpe de Estado del 23F. Son muy reveladoras las aportaciones de alguien perteneciente al estamento militar, y desvela información que normalmente no llega a la sociedad civil (y a veces tampoco a la política). Me pareció especialmente interesante la sección en la que el autor narra de primera mano los sucesos acaecidos durante la primera noche electoral tras la muerte de Franco. La verdad es que uno puede llegar a ponerse en su lugar y sentir ese malestar en el estómago que puede producir la impotencia de acción ante los hechos que se avecinaban.

La mayor parte del libro está dedicada a la muerte del hermano del rey (Alfonso de Borbón) y al papel de la Corona en la asonada del 23F. En este último caso, el libro ha terminado de confirmar lo que se ha publicado en otras obras como las anteriormente citadas: el importante papel que desempeñó el Borbón en los hechos desarrollados durante el bochornoso espectáculo de febrero de 1981. Pero que nadie se engañe, hasta la fecha el insidioso meme que se nos ha vendido es que nuestro rey por la gracia de Franco, había salvado el proceso "democrático", cuando la realidad es bien distinta: su implicación como partícipe, conocedor e instigador de la llamada "solución Armada" es hoy día un hecho evidente.

También dedica el coronel Martínez Inglés algunos capítulos para hablar de los "affaires" del Bourbon, que aunque parezca increible, han llegado a ser temas de Estado y nos han costado a los españoles en algunos casos la friolera de más de 500 millones de las antiguas pesetas con cargo a los fondos reservados (por los chantajes de la famosa vedette B.R.). O el repaso que se da a la financiación de los gastos reales y las maravillas que han hecho los gestores de los ingresos de la Corona para hacer que ésta acumule en 30 años un patrimonio de más de 300.000 millones de pesetas con una asignación presupuestaria anual media de 1.000 millones. Tampoco quedán atrás los últimos escándalos, como las cacerías furtivas e ilegales de alto rango a las que se dedica. Y también hay un capítulo dedicado a la boda del heredero con la periolista y el silencio que se ha hecho sobre su pasado.

Lo único que tengo que reprocharle al autor es que no se ha decidido a llamarle a las cosas por su nombre, y aunque deja claro que nuestro sistema político no es una democracia, no ha optado por emplear el término que lo define: partitocracia, oligarquía de partidos o sistema de partidos. Tampoco estoy muy convencido con las soluciones que propone en el último capítulo sobre la futura III República española, en el que opta por la solución federal (en la línea de IU), sin hablar para nada de la democracia formal, de la separación de poderes y la representatividad (ya que se decide a "mojarse", como él mismo dice, podría haberlo hecho un poco más, pues creo que ha frecuentado el blog de la República Constitucional en sus inicios) . Pero desde luego, sí me gustaría que este hombre pudiera hacerse cargo de la creación de un verdadero ejército profesional y de organizar el "Misterio" de Defensa de nuestro país.